NOS SALUDAMOS
NOS SERENAMOS
Renovemos nuestro espíritu, vamos a crear un espacio interior de paz. Para ello:
- Nos ponemos cómodos; cierra los ojos y siente tu respiración.
- Imaginas que estás en un lugar tranquilo y sereno.
- Ahora, realiza tres respiraciones profundas. Siente que Dios está contigo; lo escuchamos y Él nos escucha.
- Abre tu corazón a la presencia de Dios. Comenzamos nuestra oración:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
HOY LA PALABRA DE DIOS NOS DICE…
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las mujeres pecadoras van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y mujeres pecadoras le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
REFLEXIONAMOS
Jesús nos invita a pensar en si de verdad cumplimos lo que prometemos o decimos. Esta parábola nos enseña que las palabras no sirven de nada si no las acompañamos de los hechos, del ejemplo...
Al igual que el primer hijo, siempre estamos a tiempo de cambiar y hacer las cosas bien. Intentemos este curso que nuestras acciones hablen de nosotros.
REZAMOS
JUNTOS
Divina Pastora, Madre mía,
yo hija/o tuya/o me ofrezco a
ti
y te consagro para siempre
todo lo que me queda de vida.
Mi cuerpo con todas sus
miserias,
mi alma con todas sus
flaquezas,
mi corazón con todos sus afectos y
deseos.
Todas mis oraciones, trabajos,
amores,
sufrimientos y combates;
en especial mi muerte con todo lo
que le acompañe,
mis últimos dolores y mi última
agonía.
Madre, acuérdate de esta/e tu
hija/o
y de la consagración que te
hace.
Y si yo, vencida/o por el
desaliento y la tristeza,
llegara alguna vez a olvidarme de
ti,
te pido por el amor que tienes a
Jesús
me protejas como hija/o
tuya/o
hasta que esté contigo en el
cielo.
Amén.
NOS DESPEDIMOS
Madre Divina
Pastora, ruega por nosotros.
San José de
Calasanz, san Faustino Míguez y beata Victoria
Valverde, rogad por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Comentarios
Publicar un comentario