Hoy viernes 2 de octubre...rezamos con el Evangelio del domingo.

 

NOS SALUDAMOS 

 ¡Buenos días! Llegamos al final de la semana, te invito a que repases lo bueno vivido durante estos días.

NOS SERENAMOS

Antes de empezar necesitamos preparar el corazón, necesitamos entrar en calma.

Deja a un lado lo que te distrae y ábrete a lo que Dios quiere decirte hoy.

Siéntate bien en la silla, cierra los ojos un momento y respira profundamente. Siente la presencia viva de un Dios vivo y en silencio, en tu interior repite: “Aquí estoy Señor, entra en mi corazón” 

Imagina un suave rayo de luz  que entra en tu corazón… es cálido, tranquilo, lleno de amor. Poco a poco, esa luz se expande, llenando todo tu ser de paz. 

 En este momento, Dios se hace presente y te invita a escucharlo con el corazón. Comenzamos

en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

HOY JESÚS NOS DICE...

Lectura del Evangelio de Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:

“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Palabra del Señor

REFLEXIONAMOS

En el Evangelio de hoy, Jesús nos habla de una viña que ha sido cuidada y confiada a unos trabajadores. El dueño espera encontrar frutos, pero ellos se olvidan de que la viña no les pertenece.

También nosotros hemos recibido mucho: personas que nos quieren, oportunidades, capacidades, una familia, un colegio, amigos… Todo lo que recibimos es una oportunidad para dar fruto.

La pregunta que nos hace hoy Jesús es sencilla:

¿Qué frutos estoy dando con lo que he recibido?

No se trata de hacer cosas extraordinarias. Dar fruto puede ser ayudar a alguien, perdonar, compartir, escuchar, cuidar, ser responsable o hacer que otra persona se sienta querida.

Como familia Calasancia, también nosotros somos trabajadores de esa viña. Dios ha puesto en nuestras manos una misión: cuidar, educar, acompañar y sembrar esperanza.

Hoy pidamos a Jesús que no nos quedemos solamente con lo que recibimos, sino que sepamos devolverlo convertido en amor y servicio a los demás.

Piensa, ¿Qué fruto quieres regalar hoy?

REZAMOS JUNTOS

Divina Pastora, Madre mía, 

yo hija/o tuya/o me ofrezco a ti 

y te consagro para siempre 

todo lo que me queda de vida. 

Mi cuerpo con todas sus miserias, 

mi alma con todas sus flaquezas, 

mi corazón con todos sus afectos y deseos. 

Todas mis oraciones, trabajos, amores, 

sufrimientos y combates; 

en especial mi muerte con todo lo que le acompañe, 

mis últimos dolores y mi última agonía. 

Madre, acuérdate de esta/e tu hija/o 

y de la consagración que te hace. 

Y si yo, vencida/o por el desaliento y la tristeza, 

llegara alguna vez a olvidarme de ti, 

te pido por el amor que tienes a Jesús 

me protejas como hija/o tuya/o 

hasta que esté contigo en el cielo. 

Amén.

NOS DESPEDIMOS

Madre Divina Pastora, ruega por nosotros. 

San José de Calasanz, san Faustino Míguez y beata Victoria Valverde, rogad por nosotros. 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

 




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