NOS SALUDAMOS
¡Buenos días! Llegamos al final de la semana,
te invito a que repases lo bueno vivido durante estos días.
NOS SERENAMOS
Antes de empezar necesitamos preparar el
corazón, necesitamos entrar en calma.
Deja a un lado lo que te distrae y ábrete a
lo que Dios quiere decirte hoy.
Siéntate bien en la silla, cierra los ojos
un momento y respira profundamente. Siente la presencia viva de un Dios vivo y
en silencio, en tu interior repite: “Aquí estoy Señor, entra en mi
corazón”
Imagina un suave rayo de luz que
entra en tu corazón… es cálido, tranquilo, lleno de amor. Poco a poco, esa luz
se expande, llenando todo tu ser de paz.
En este momento, Dios se hace presente y te invita a escucharlo con el corazón. Comenzamos
en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
HOY JESÚS NOS DICE...
En aquel tiempo,
dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola:
“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella
un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para
percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los
criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo
otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por
último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los
labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos
y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo
sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué
hará con aquellos labradores?».
Por eso os digo
que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que
produzca sus frutos».
Palabra del Señor
REFLEXIONAMOS
En el Evangelio
de hoy, Jesús nos habla de una viña que ha sido cuidada y confiada a unos
trabajadores. El dueño espera encontrar frutos, pero ellos se olvidan de que la viña no les pertenece.
También nosotros hemos recibido mucho: personas que nos quieren, oportunidades, capacidades, una familia, un colegio, amigos… Todo lo que recibimos es una oportunidad para dar fruto.
La pregunta que nos hace hoy Jesús es sencilla:
¿Qué frutos
estoy dando con lo que he recibido?
No se trata de
hacer cosas extraordinarias. Dar fruto puede ser ayudar a alguien, perdonar,
compartir, escuchar, cuidar, ser responsable o hacer que otra persona se sienta
querida.
Como familia
Calasancia, también nosotros somos trabajadores de esa viña. Dios ha puesto en nuestras manos una misión:
cuidar, educar, acompañar y sembrar esperanza.
Hoy pidamos a
Jesús que no nos quedemos solamente con lo que recibimos, sino que sepamos devolverlo convertido en amor y servicio a
los demás.
Piensa, ¿Qué
fruto quieres regalar hoy?
REZAMOS JUNTOS
Divina Pastora, Madre mía,
yo hija/o tuya/o me
ofrezco a ti
y te consagro para
siempre
todo lo que me queda de
vida.
Mi cuerpo con todas sus
miserias,
mi alma con todas sus
flaquezas,
mi corazón con todos sus
afectos y deseos.
Todas mis oraciones,
trabajos, amores,
sufrimientos y combates;
en especial mi muerte con
todo lo que le acompañe,
mis últimos dolores y mi
última agonía.
Madre, acuérdate de
esta/e tu hija/o
y de la consagración que
te hace.
Y si yo, vencida/o por el
desaliento y la tristeza,
llegara alguna vez a
olvidarme de ti,
te pido por el amor que
tienes a Jesús
me protejas como hija/o
tuya/o
hasta que esté contigo en
el cielo.
Amén.
NOS DESPEDIMOS
Madre Divina Pastora, ruega por nosotros.
San José de Calasanz, san Faustino Míguez y beata Victoria Valverde, rogad por nosotros.
En el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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