NOS SALUDAMOS
¡Buenos días! Llegamos al final de la semana, te invito a que repases lo bueno vivido durante estos días y a que des gracias por ello.
NOS SERENAMOS
Nos sentamos con la espalda recta pero relajada, los dos pies bien apoyados en el suelo, cerramos los ojos y hacemos tres respiraciones profundas.
Después, respiramos despacio, a nuestro ritmo…Imaginamos que estamos contemplando un paisaje, lleno de paz. Nos sentimos muy bien.
Abrimos los ojos lentamente.
Con nuestra mente en calma, abrimos nuestro corazón a Dios que nos habla.
Comenzamos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
HOY JESÚS NOS DICE...
Lectura del Evangelio de Mateo 22, 1‑14
Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas estos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo:
Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.
Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos:
Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.
Y le dijo:Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían:
Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
Palabra del Señor
REFLEXIONAMOS
Muchas veces tenemos la agenda llena: clases, amigos, redes sociales, videojuegos, deporte, familia… y podemos dejar poco espacio para Dios.
Pero Jesús no quiere ser simplemente «una cosa más» de nuestra lista. Nos invita a una relación con Él. La pregunta no es solamente «¿Creo en Dios?», sino también: «¿Estoy dejando que Dios transforme mi manera de vivir?»
Aceptar la invitación significa elegir el amor, incluso cuando cuesta; perdonar cuando estamos heridos; ayudar cuando nadie nos obliga y mantenernos fieles a nuestros valores, aunque los demás piensen diferente.
El Evangelio también nos recuerda que la invitación de Dios es para todos. Nadie está excluido de antemano: Dios llama a buenos y malos, a quienes están cerca y a quienes se han alejado. Siempre hay una puerta abierta para volver a Él.
REZAMOS JUNTOS
Divina Pastora, Madre mía,
yo hija/o tuya/o me ofrezco a ti
y te consagro para siempre
todo lo que me queda de vida.
Mi cuerpo con todas sus miserias,
mi alma con todas sus flaquezas,
mi corazón con todos sus afectos y deseos.
Todas mis oraciones, trabajos, amores,
sufrimientos y combates;
en especial mi muerte con todo lo que le acompañe,
mis últimos dolores y mi última agonía.
Madre, acuérdate de esta/e tu hija/o
y de la consagración que te hace.
Y si yo, vencida/o por el desaliento y la tristeza,
llegara alguna vez a olvidarme de ti,
te pido por el amor que tienes a Jesús
me protejas como hija/o tuya/o
hasta que esté contigo en el cielo.
Amén.
NOS DESPEDIMOS
Madre Divina Pastora, ruega por nosotros.
San José de Calasanz, san Faustino Míguez y beata Victoria Valverde, rogad por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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